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Escrito por: Camila Colombo

Realizar apuestas entre amigos por el resultado de algún partido entre dos equipos es algo bastante común. Pero siendo realistas, al momento de la verdad… ¿cuántas veces esa “apuesta” se cumple? Lo cierto es que uno de los dos no dispone el dinero o simplemente no quiere cumplir. Si bien esta no es una situación que, en principio, acarrearía consecuencias jurídicas, hay otras que sí lo harían. Por ejemplo, dejar en manos de un tercero la entrega de un bien, o confiar a un abogado la entrega de una herencia a los herederos luego de la muerte del causante.

En estas situaciones, debemos confiar en terceros que son intermediarios. Puede ser un amigo, abogado o notario, quienes, en aspectos más formales, donde se hace entrega de alguna suma de dinero o un bien a un tercero, cobran honorarios profesionales por su trabajo. Esto implica no sólo más gastos, sino también depositar confianza en que el contrato se va cumplir.

Ahora bien, ¿qué pasaría si estos intermediarios ya no fueran necesarios? Esta fue la idea del informático Nick Szabo, al dar nacimiento a los smart contracts (contratos inteligentes), los cuales son instrumentados en soporte digital y codificados de manera que no se requiera acudir a un tercero para lograr su ejecución. En esta nueva era digital, donde últimamente la tendencia gira en torno a blockchain y bitcoin, ahora daremos una mirada a los smart contracts.

Los orígenes… ¿cómo nacen los smart contracts?

Para hablar sobre el nacimiento de los smart contracts, es necesario primeramente entender sobre las nuevas tecnologías que se están imponiendo en nuestro mundo actual: blockchain y las criptomonedas. Si bien existen bastantes artículos que hablan sobre estos conceptos y su funcionamiento, un breve resumen sobre estas tecnologías no está de más. Incluso, resulta necesario para entender el funcionamiento de estos nuevos tipos de contrato.

Nick Szabo desarrolló el concepto de los smart contracts hace casi veinte años, pero aún no contaba con la infraestructura tecnológica necesaria para implementar la idea. Tenía el objetivo de llevar el derecho contractual al plano digital, lo que permitiría el comercio electrónico sin el papeleo habitual de un contrato. Pero para que este suceso se pueda dar, era necesario contar con una plataforma de transacciones programables y un sistema financiero que las reconozca. En el año 1997, tanto la plataforma como el sistema financiero mencionados, eran aún inexistentes.

Sin embargo, en el año 2009 aparecen las criptomonedas, que no es más que un medio digital de intercambio. La primera criptomoneda que empezó a operar fue “Bitcoin” (moneda virtual), a raíz de la crisis económica, con el objetivo sustituir al dinero común y corriente. Cumple la función de una moneda y garantiza la seguridad, integridad y equilibrio de los estados de cuentas.

“Blockchain” (cadena de bloques), por su parte, nace a raíz del Bitcoin, que sustenta toda la estructura de este fenómeno. Blockchain es una base de datos compartida (on-line) que se utiliza como registro de las operaciones. Una especie de planilla de excel o un libro mayor donde se registran las entradas y salidas de transacciones de una empresa. En esta base de datos no se puede borrar, alterar o modificar información, solo añadir nuevos registros. Es bastante seguro y en razón a que la información va encriptada, el anonimato está garantizado.  De acuerdo al World Economic Forum, se considera probable que el 10% del PIB mundial esté almacenado en la Blockchain para el año 2027.

Dentro de este panorama, el concepto de smart contracts funciona como un software que, a través de la tecnología de la Blockchain (en la cual, como se había mencionado, registra todas las transacciones realizadas: nombres de los participantes, fechas importantes, sumas de dinero y operaciones) utiliza y registra los datos en un contrato inteligente. Con estos datos y la programación adecuada, el contrato se ejecuta de forma automática. Por ejemplo, en un accidente de tránsito, las partes implicadas estarían vinculadas a sus aseguradoras, que disparan la orden de constatar que ha habido un accidente, y a través de un smart contract (donde constan todos los datos necesarios), se procesaría lo ocurrido y se notificaría al banco, que estaría igualmente conectado al Blockchain y de esta forma se realizaría el pago de la sanción correspondiente.

¿Qué son los smart contracts (contratos inteligentes)?

Un contrato es un acuerdo entre dos o más partes, sujeto a las leyes jurisdiccionales. En la mayoría de los casos, en casos de incumplimiento, se requiere la intervención de un abogado y el órgano jurisdiccional para exigir el cumplimiento. Esto implica gastos y tiempo para las partes. Los smart contracts no cambian ni añaden nada a la creación del contrato, lo que persiguen es reducir costos en la fase de ejecución, ante incumplimientos.

La idea con los smart contracts es prescindir de los intermediarios (árbitros, abogados, jueces), y que los contratos sean auto-ejecutables, de manera autónoma y automática. De esta forma se simplificaría el proceso y se reducirían costos para el cliente, además de garantizar el cumplimiento del contrato en forma efectiva. En este escenario, entonces, ya no sería necesario recurrir al auxilio de un abogado.

Pero… ¿cómo realmente funcionan?

Los contratos inteligentes contienen códigos informáticos escritos en lenguajes de programación. Los términos del contrato son meras sentencias y comandos en el código que lo forma. No dependen de autoridades ni intermediarios para lograr su ejecución, y en razón a que se sustentan en la cadena de bloques mencionada anteriormente, los contratos se vuelven un código visible para todos. De esta forma se garantiza la seguridad de que no se incurra en fraudes o intervención de terceras partes que quieran alterar la información. Ya que es un sistema que se va implementando poco a poco con el tiempo, por el momento los smart contracts solo pueden aplicarse a transacciones de bienes digitales (entrega de mercancías, venta de entradas…)

Volviendo al ejemplo utilizado al inicio, supongamos que en un partido de fútbol Juan apuesta una suma determinada por la victoria del equipo A y José apuesta la misma suma por la victoria del equipo B. El contrato se plasmaría mediante el formato de un smart contract. El software verificaría que ambas partes dispongan del dinero y retendría esa cantidad hasta que el contrato se cumpla. Una vez finalizado el partido, se comprobaría quien ha sido el ganador, se le asignaría el dinero apostado y se resolvería el contrato.

¿En qué se podrían aplicar?

Los smart contracts podrían varias aplicaciones. Por ejemplo, se podría dar uso a estos contratos en préstamos. Podría almacenarse la información de garantías de propiedad dentro de un contrato inteligente, en la cadena de bloques; en el momento en que el deudor no efectúe el pago, automáticamente se podrían revocar las claves digitales que le dan acceso a esas garantías.

También se podrían utilizar para casos de herencia y donaciones. Éstas se ejecutarían, por ejemplo, una vez cumplida la mayoría de edad. En el caso de querer realizar un cambio de titularidad de un bien en una fecha concreta o cuando se cumplan determinadas condiciones.

Actualmente, una de las funciones que cumple es la de uso de la “multifirma”, que permite que dos o más partes tengan la obligación de aprobar una transacción antes de que los fondos puedan ser liberados o para que algún otro aspecto del contrato pueda ejecutarse.

Ventajas y Desventajas.

Como se había mencionado anteriormente, una gran ventaja de los smart contracts es que ya no serían necesarios los intermediarios y el pago de sus respectivas tarifas profesionales. Además, el contrato no se prestaría a retrasos en cuanto al plazo estipulado de ejecución, ya que la acción se realiza de forma automática.

Gracias al Blockchain, el contrato queda registrado y almacenado en la red. Esto impide el extravío o robo del documento, lo que podría ocurrir con la impresión del contrato escrito.

Ahora bien, aunque los smart contracts facilitarían bastante la tramitación y la reducción de costos, aún se presentan obstáculos que retrasan la perfección de este fenómeno. Como lo indicáramos, la información registrada en el Blockchain no se puede eliminar ni modificar. Es decir, una vez suscripto el contrato no es posible realizar enmiendas, incluso si las partes están de acuerdo. El programa se ejecutaría automáticamente, de acuerdo a lo estipulado originalmente.

La falta de legislación en la mayoría de los países también es un problema para poder llevar a cabo este sistema; sin el respaldo legal, las partes se vuelven escépticas a la utilización de nuevas tecnologías.

Finalmente, entonces… ¿no más abogados?

Si bien la noción de un mundo sin abogados es el sueño de la gran mayoría, ésta aún es una idea utópica, por el momento. Es cierto que los smart contracts eliminarían a aquellos intermediarios para la fase de ejecución del contrato, la elaboración e interpretación del contrato todavía necesita especialistas en leyes, a los abogados.

No obstante, unir el mundo digital con el legal presenta una evolución en el ámbito jurídico. Este nuevo esquema contractual sin duda alguna cambiará el marco de los negocios y la sociedad como la conocemos; ayudará de manera sustancial a las empresas, esencialmente en el ahorro de millonarios costos incurridos en la actualidad al momento de contratar.

Aún queda bastante por analizar sobre este nuevo sistema, pero ya nos da una mirada al futuro que se aproxima; la tecnología se va actualizando constantemente y no debemos quedarnos atrás. Ante esta nueva realidad, resulta importante recordar las palabras de Albert Einstein: “Se ha vuelto terriblemente obvio que nuestra tecnología ha superado nuestra humanidad”; esperemos que esto no sea así.

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