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Escrito por: Abg. Tomás Mersán

Cuenta la leyenda que Prometeo había robado el fuego de los dioses para dárselo a los humanos. Zeus furioso, con la intención de vengarse de Prometeo, presentó a su hermano, Epimeteo, una bella mujer llamada Pandora, con quien posteriormente se casó.

Pandora recibió por parte de Zeus, como regalo de bodas, una enigmática vasija (popularmente conocida en la actualidad como “la caja de Pandora”), con las expresas instrucciones de no abrirla bajo ninguna circunstancia. Pese a estas indicaciones, Pandora, quien poseía una atrevida curiosidad, abrió la vasija para ver qué había dentro. Del interior de la vasija escaparon todos los males del mundo. En el fondo sólo quedó la esperanza.

Los diversos males que desertaron de la caja de Pandora, azotaron profundamente varios rincones del mundo, entre ellos un particular país asiático denominado Singapur. Alrededor de la década del ‘60 del siglo pasado, a Singapur lo acechaba uno de los más altos índices de criminalidad en el mundo. Corrupción, narcotráfico, impunidad, inseguridad y violencia marcaban el rumbo desolador de esta nación.

Sin embargo, luego de su independencia de la Federación de Malasia, en el año 1965, se presentó un giro radical en la historia de Singapur. El Primer Ministro, Lee Kuan Yew, consciente de los alarmantes problemas del país, tomó serias, drásticas y determinantes medidas de control y purificación de las instituciones; así como también estableció una política de gobierno tendiente al crecimiento económico. Las políticas de desarrollo fueron luego implementadas –en ciertas medidas con mayor ímpetu– por su hijo mayor, Lee Hsieng Loong, quien asumió el poder en el año 2004.

Los principales ejes del modelo elegido por el gobierno singapurense fueron los siguientes: prominente inversión en educación, inclusivos programas de empleo, intolerancia a la corrupción, al tráfico de influencias, al narcotráfico, al contrabando y a las violaciones, fortalecimiento de las instituciones y seguridad jurídica. Para graficar algunas de las tajantes –pero aparentemente eficientes– medidas adoptadas por el gobierno en estos aspectos, conviene enunciar algunos corolarios de los paradigmas instaurados.

En términos de educación, Lee Kuan Yew tuvo la visión de convertir a Singapur en un país angloparlante y en una plataforma que sirva como centro de comercio mundial. Para esto, entre otras cosas, implantó una educación bilingüe. El primer idioma oficial es el inglés (lengua utilizada en la enseñanza), y el segundo la lengua materna (mandarín, tamil o malayo). Para erradicar la corrupción, impuso fuertes penas a las figuras públicas corruptas (políticos, policías, militares, etc.), condenándonos, literalmente, a la pena de muerte. Similares medidas fueron tomadas en casos de narcotráfico y violación de mujeres. En casos de delitos de abuso sexual, se permitió publicar el nombre de los violadores y también televisar los juicios. Sólo por señalar algunos casos.

Todo esto trajo como resultado algunas de estas impactantes cifras:

  • Entre 1960 y 1980 el PIB per cápita de Singapur aumentó 15 veces su valor.
  • En 1960 el ingreso per cápita de sus habitantes rondaba los US$. 428. Actualmente, de acuerdo a las estadísticas del 2016 del Banco Mundial, el PIB per cápita es de US$. 52.960, uno de los más altos del mundo.
  • A comienzos del siglo XXI, en las cárceles habían alrededor de 500.000 presos. Luego esta cifra, en un plazo aproximado de seis meses, se redujo a 50.
  • Establecer una empresa en Singapur lleva hoy solamente tres días.
  • Alrededor de 7.000 empresas multinacionales tienen sede en Singapur.
  • La tasa de desempleo en la actualidad es de apenas 2 %.
  • En la década del ‘60 Singapur tenía un analfabetismo generalizado en todo el país. La tasa actual de alfabetismo es de 95,9 % sobre el total de la población.
  • Es el país con más viviendas en propiedad. Cerca del 92 % de los singapurenses son dueños de su propiedad.

Hoy se pueden advertir algunos curiosos “síntomas” de este modelo adoptado por el gobierno de Singapur, y ya genuinamente arraigado dentro de su comunidad de tan sólo 5.500.000 habitantes. Comúnmente los billetes de dinero, en la mayoría de los países, muestran imágenes de próceres de su historia; algunos billetes en Singapur, en cambio, muestran un aula con alumnos escuchando al profesor, con una universidad en el fondo. Debajo la leyenda: “Educación”. En el aeropuerto de Singapur, los inmigrantes y turistas portan un documento de entrada al país con un claro y, a la vez, amenazante mensaje: “Advertencia. Muerte por tráfico de drogas bajo la ley de Singapur”. Y un caso aún más llamativo. El uso inapropiado de los inodoros (no tirar la cadena) en baños públicos puede costar a los infractores una multa de US$. 500.

Paraguay, ¿el Singapur de la década del ‘60?

No es necesario inmiscuirse en un análisis científico sobre las instituciones y la realidad económica del Paraguay para concluir que somos un país castigado por males similares a los que sufrió Singapur en la década del ‘60. Veamos algunos datos:

  • De acuerdo al Informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, el sistema educativo de Paraguay ocupa el puesto 133 (de 144 países).
  • La pobreza total en los últimos tiempos aumentó a 28,86 %, lo que afecta alrededor de 1.950.000 paraguayos.
  • El índice de PIB per cápita (datos 2016) se encuentra actualmente en US$. 3.826.
  • El informe 2016 del Índice de Percepción de Corrupción, elaborado por la organización Transparencia Internacional, ubica a Paraguay en la posición 123 de 176 países; detrás de países como Etiopía, Togo, Pakistán, y compartiendo el ránking con Sierra Leona, Honduras y México.
  • Los delitos contra la propiedad aumentaron un 19,3 % entre los años 2010 al 2015. A su vez, la tasa de homicidios aumentó en un 13 % entre los años 2014 y 2015.

La ONG “Pro Desarrollo Paraguay” recientemente publicó la cuarta edición del informe sobre la economía subterránea (evasión de impuestos, corrupción, narcotráfico, contrabando, etc.) en Paraguay. Los números son aterradores. El tamaño de la economía subterránea alcanza a US$. 11.010 millones. Esto equivale a: 39,6 % del total del PIB nacional; 60 % más que el Presupuesto General de la Nación (2015), tres veces más que el total de la facturación de Itaipú y 58 % más que las Reservas Internacionales.

Todo esto significa que, si lográramos formalizar la “economía subterránea” o informal del país, seríamos aproximadamente 40 % más ricos y prósperos.

Ante este escenario, entonces: ¿cuál es la solución? ¿qué modelo optamos? ¿qué camino seguimos? El gran desafío del gobierno, y de todos como sociedad, es aprender algunas de las lecciones de Singapur. Sin dudas, la apuesta a la educación, a las inversiones extranjeras, al saneamiento y fortalecimiento de las instituciones, la intolerancia a las figuras públicas corruptas, las fuertes penas al narcotráfico y contrabando, así como la preocupación por la seguridad jurídica, deberían marcarnos la agenda como nación. Si en realidad tenemos la intención y el deseo de convertir nuestro país en un lugar más próspero y desarrollado para las generaciones futuras, no existe un atajo o alternativa más simple.

Después de todo, la caja de Pandora ya fue abierta hace mucho tiempo. Es momento de que Paraguay encuentre el elemento que hace tiempo se encuentra escondido, muy al fondo: la esperanza

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